El espejo de Venezuela

Dos fuertes terremotos sacudieron este miércoles el Caribe venezolano con apenas 39 segundos de diferencia, en una secuencia sísmica cuyo evento principal fue un sismo de magnitud 7,5, informó el sistema oficial de alerta de tsunamis de Estados Unidos.
Este fenomeno vuelve a recordarnos una realidad que muchas veces olvidamos: vivimos en una región sísmicamente activa.
Aunque el movimiento ocurrió fuera de nuestro territorio, sus efectos y el temor que genera sirven como una importante advertencia para la República Dominicana.
Nuestro país se encuentra ubicado encima de importantes fallas geológicas, por lo que no estamos exentos de experimentar eventos sísmicos de gran magnitud.
La historia nos ha demostrado que los terremotos pueden ocurrir en cualquier momento, sin previo aviso, causando pérdidas humanas, daños materiales y profundas consecuencias sociales y económicas.
Ante esta realidad, la respuesta no debe ser el pánico, sino la prevención.
Las autoridades deben continuar fortaleciendo los planes de emergencia, supervisando el cumplimiento de las normas de construcción y promoviendo la educación ciudadana sobre cómo actuar antes, durante y después de un sismo.
Asimismo, cada familia dominicana tiene la responsabilidad de prepararse. Conocer las rutas de evacuación, identificar zonas seguras en el hogar y mantener un plan familiar de emergencia puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
El terremoto de Venezuela nos recuerda que la naturaleza no reconoce fronteras. Más que una noticia lejana, debe ser una oportunidad para reflexionar sobre nuestro nivel de preparación como nación.
La prevención siempre será menos costosa que lamentar una tragedia.
Que esta experiencia sirva de llamado a la conciencia, a la responsabilidad y a la acción. Porque cuando se trata de desastres naturales, estar preparados no es una opción, es una necesidad.