Maestro Sixto Gabín pone bajo la lupa el 4 %: «La inversión educativa tiene que sentirse dentro de las aulas»

Santo Domingo. El debate sobre la educación dominicana ya no puede limitarse a celebrar la conquista del 4 % del Producto Interno Bruto. Para el maestro Sixto Gabín, dirigente nacional de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), la pregunta fundamental es otra: ¿qué está recibiendo realmente el estudiante dentro de la escuela a cambio de esa inversión?
Gabín planteó a los medios de comunicación un diagnóstico crítico del sistema educativo y colocó sobre la mesa una aparente contradicción: mientras el país dispone desde hace años de una importante asignación presupuestaria para la educación preuniversitaria, persisten carencias que van desde la falta de laboratorios hasta aulas con decenas de estudiantes y centros donde la demanda de cupos supera la capacidad disponible.
Gabín afirmó que el 70 % de las escuelas del país carece de laboratorios de ciencias, dato que presentó como evidencia de las deficiencias que todavía enfrenta la educación pública.
“En pleno siglo XXI es grave”, planteó el dirigente al cuestionar que una conquista presupuestaria como el 4 % todavía no haya permitido superar necesidades que considera elementales para una educación de calidad.
El dinero está; Gabín pregunta por los resultados.
Uno de los momentos más incisivos de la conversación con los medios, llegó cuando el dirigente de la ADP puso el foco sobre la ejecución presupuestaria.
Gabín sostuvo que cada año parte de los recursos originalmente destinados a educación termina siendo transferida y cuestionó que el 4 % no se ejecute completamente.
También afirmó que, en el presente inicio del año escolar, existe un recorte superior a los RD$2,000 millones.
Su cuestionamiento fue directo: ¿adónde van esos recursos?
La crítica abre una dimensión importante del debate educativo. Para Gabín, defender el 4 % no consiste únicamente en garantizar que la partida aparezca consignada en el presupuesto nacional, sino en procurar que los recursos lleguen efectivamente a las necesidades para las cuales fueron conquistados.
Desde esa perspectiva, el dirigente reclamó mayor transparencia y cuestionó que recursos educativos sean dirigidos hacia intereses privados y organizaciones nacionales e internacionales mientras determinadas necesidades de las escuelas permanecen pendientes.
Una realidad que se mide dentro del aula
Para Gabín, la mejor auditoría del presupuesto educativo no necesariamente comienza examinando una hoja de cálculo. Comienza entrando a una escuela.
Allí, según su diagnóstico, aparece una de las contradicciones fundamentales del sistema: la sobrepoblación estudiantil.
El dirigente aseguró que todavía existen aulas con 35, 40 y hasta 45 estudiantes, una realidad que afecta las condiciones en las que profesores y alumnos desarrollan el proceso educativo.
El problema está estrechamente relacionado, según explicó, con el déficit de infraestructura y la cantidad de aulas que todavía necesita el país.
Por eso, frente a las discusiones sobre la falta de cupos escolares, Gabín desplaza la mirada hacia la responsabilidad de planificación del Estado: si la demanda supera los espacios disponibles, también debe preguntarse por las aulas que debieron construirse y todavía faltan.
Volver a la escuela también golpea el bolsillo de la familia dominicana.
Las deficiencias del sistema no terminan en las puertas de los planteles. También llegan al presupuesto familiar.
Gabín señaló que padres y madres han denunciado que preparar a un estudiante para el inicio del año escolar puede representar un gasto mínimo de entre RD$12,000 y RD$15,000.
Uniformes, zapatos, mochilas y útiles escolares se convierten así en una presión adicional para hogares de menores ingresos.
El dirigente cuestionó que la asistencia proporcionada por el Instituto Nacional de Bienestar Estudiantil (INABIE) resulte limitada frente a la matrícula existente.
Como ejemplo, planteó que un centro educativo puede tener 600, 800 o mil estudiantes y recibir apenas una fracción de los uniformes y mochilas necesarios.
La dificultad no sería solamente cuantitativa.
Gabín afirmó que también se producen problemas con las tallas de zapatos, camisas y pantalones, provocando que algunos artículos entregados no respondan a las características de los estudiantes que deberían utilizarlos.
Para el dirigente magisterial, el Estado posee la información de la matrícula y, por tanto, dispone de herramientas para focalizar mejor la asistencia hacia las familias que verdaderamente no pueden cubrir esos gastos.
Una crítica que también reconoce avances.
El diagnóstico de Gabín no fue exclusivamente negativo.
Cuando se le preguntó qué podía reconocerse como positivo en la educación durante los últimos años, respondió marcando distancia de los análisis absolutos: “Nada es 100 % negativo ni 100 % positivo”.
El dirigente reconoció avances relacionados con la cobertura educativa, determinados procesos de reforma curricular y cierto grado de apertura al diálogo con la ADP y otros sectores vinculados al sistema.
Su diferencia aparece en la profundidad y efectividad de esos procesos.
A juicio de Gabín, las reformas curriculares continúan siendo limitadas y la gestión educativa ha tenido dificultades históricas para contextualizar la enseñanza conforme a la realidad en la que viven los estudiantes y los factores que inciden directamente en sus aprendizajes.
Sobre el diálogo con las autoridades, dejó una advertencia:
Los acuerdos no pueden convertirse en punto de llegada.
“Los diálogos tienen que pasar también de los acuerdos y de las promesas a los hechos”, sostuvo.
Profesionalizar la escuela y reducir la influencia política
Gabín también abordó la selección de las autoridades educativas y defendió que los concursos sean fortalecidos como mecanismo de acceso a determinadas funciones.
El dirigente reclamó que el Ministerio de Educación cumpla con la normativa correspondiente y que la competencia profesional prevalezca sobre otros criterios.
“Que todos seamos por concurso”, planteó.
Incluso expresó la aspiración de que el sistema avance hacia niveles mucho mayores de profesionalización institucional, extendiendo progresivamente la cultura de selección por méritos hacia posiciones de alta responsabilidad.
El planteamiento toca uno de los problemas recurrentes del aparato educativo: hasta dónde termina la administración profesional y dónde comienza la influencia político-partidaria en la selección de quienes dirigen determinadas estructuras.
Para Gabín, la respuesta debe inclinarse hacia la institucionalidad.
El derecho a la educación no termina con abrir la escuela
El dirigente nacional de la ADP vinculó sus planteamientos con el artículo 63 de la Constitución de la República, al recordar la responsabilidad estatal de garantizar el derecho a la educación.
Desde esa perspectiva, garantizar ese derecho implica mucho más que matricular estudiantes.
Supone disponer de aulas suficientes, profesores en condiciones adecuadas para enseñar, recursos pedagógicos, infraestructura, equipamiento científico y políticas capaces de impedir que las condiciones económicas de una familia se conviertan en barrera para estudiar.
Por eso, frente al debate sobre los cupos escolares y la creciente demanda del sistema, Gabín fijó una posición categórica: ningún niño dominicano debe quedar fuera de las aulas.
Del 4 % a la escuela real
Sixto Gabín planteó finalmente su aspiración de que el proceso actual conduzca hacia una discusión en la que República Dominicana tendrá que afrontar con mayor profundidad: la diferencia entre financiar la educación y transformar la educación.
El 4 % representó una de las mayores conquistas sociales vinculadas a las políticas públicas dominicanas. Pero, bajo la lectura planteada por Gabín, haber conseguido los recursos no significa haber resuelto el problema.
El verdadero balance comienza cuando se pregunta cuántas aulas faltan, cuántos estudiantes comparte un profesor, qué escuelas disponen de laboratorios, cuántas familias pueden afrontar el regreso a clases y qué proporción del presupuesto termina convirtiéndose efectivamente en mejores condiciones de aprendizaje.
Porque después de años discutiendo cuánto debe recibir la educación, el país enfrenta una pregunta todavía más exigente:
¿Qué educación está produciendo con los recursos que tiene?
Esa es, en esencia, la discusión que Sixto Gabín deja abierta.