El océano nunca había estado tan caliente en julio: ¿qué significa una temperatura de 20.96 °C?

Redacción.- La temperatura media de la superficie del océano fuera de las regiones polares alcanzó en julio de 2026 los 20.96 °C, el valor más alto registrado para ese mes desde que comenzaron los registros de la serie ERA5. La cifra superó el anterior récord de 20.89 °C, establecido en julio de 2023, y confirma la persistencia de un calentamiento oceánico que se ha intensificado durante los últimos años.
La medición no significa que todo el océano del planeta haya tenido 20.96 °C. El dato corresponde al promedio de la superficie oceánica entre los 60° de latitud sur y los 60° de latitud norte, es decir, las aguas situadas fuera de las zonas polares. En los productos de Copernicus basados en ERA5, la temperatura del mar se estima aproximadamente a 10 metros de profundidad, por lo que se trata de una referencia global de la capa superficial y no de la temperatura de las aguas profundas.
Un récord que se compara con décadas de mediciones
Para determinar si un mes es excepcional, Copernicus compara las temperaturas con el período de referencia 1991-2020, mientras que la clasificación histórica de la serie ERA5 para la temperatura superficial del mar se remonta a 1979. En julio de 2026, los 20.96 °C superaron en 0.07 °C el récord de julio de 2023, que había sido de 20.89 °C.
La evolución de los últimos años muestra que no se trata de un episodio aislado. La temperatura superficial media del océano entre 60°S y 60°N fue de 20.89 °C en julio de 2023, 20.88 °C en julio de 2024 y 20.77 °C en julio de 2025, cuando se registró el tercer valor más alto para ese mes. En julio de 2026, la temperatura habría alcanzado los 20.96 °C, lo que supondría un nuevo récord para julio. Los datos de Copernicus corresponden a la temperatura superficial del mar (SST) y no a la temperatura media global del aire.
El comportamiento también se observa en períodos más amplios. Copernicus reportó que la temperatura media anual de la superficie oceánica entre 60°S y 60°N llegó en 2024 a 20.87 °C, 0.51 °C por encima del promedio de 1991-2020 y por encima de los récords anteriores. La Organización Meteorológica Mundial, por su parte, confirmó que 2015-2025 fueron los 11 años más cálidos registrados y que el océano continúa acumulando grandes cantidades de calor.
¿Por qué el océano es tan importante para el cambio climático?
El océano funciona como uno de los principales reguladores térmicos del planeta. Su enorme volumen y capacidad calorífica le permiten absorber grandes cantidades de energía sin experimentar cambios de temperatura tan rápidos como la atmósfera o la tierra.
Más del 90 % del exceso de calor acumulado en el sistema climático debido al calentamiento provocado por los gases de efecto invernadero ha sido absorbido por los océanos. Ese calor no permanece únicamente en la superficie: las corrientes, las olas y otros procesos de mezcla lo transportan hacia capas más profundas.
Esto significa que la temperatura superficial es solo una parte de la historia. El contenido de calor del océano, que mide la energía almacenada desde la superficie hasta mayores profundidades, ha aumentado desde mediados del siglo XX y constituye uno de los indicadores más importantes del calentamiento global.
Más calor, más presión sobre los ecosistemas marinos
El aumento de la temperatura del agua puede alterar la distribución de especies, modificar las cadenas alimentarias y aumentar el estrés sobre organismos que viven dentro de rangos térmicos relativamente estrechos.
Uno de los efectos más visibles es el blanqueamiento de los corales. Cuando las aguas permanecen demasiado calientes, los corales pueden expulsar las algas microscópicas que viven en sus tejidos y de las que obtienen buena parte de su energía. Si el estrés térmico se prolonga, el blanqueamiento puede provocar mortalidad de colonias y afectar a los ecosistemas que dependen de los arrecifes.
La preocupación también alcanza al Caribe. El sistema de monitoreo Coral Reef Watch de la NOAA registró durante 2026 diferentes niveles de estrés térmico en zonas del Caribe, entre ellas el sur de La Española, Cuba, Venezuela, Colombia, Trinidad y Tobago y otras áreas. A comienzos de julio, por ejemplo, el sistema reportó nivel de alerta 2 en el Atlántico frente a Colombia, mientras que el suroeste de Cuba se encontraba en nivel de alerta 1.
La NOAA también ha advertido que el calentamiento oceánico representa una amenaza para los ecosistemas coralinos y para las comunidades de especies que dependen de ellos. El Caribe, además, enfrenta simultáneamente el calentamiento del agua, la acidificación oceánica y otros factores de presión sobre sus ecosistemas y pesquerías.
El mar también modifica el ciclo del agua
El océano no solo almacena calor: también participa directamente en el ciclo del agua. Una superficie marina más cálida favorece la evaporación, aumenta la cantidad de vapor de agua disponible en la atmósfera y puede modificar la distribución de las lluvias.
La NOAA explica que buena parte de la lluvia que cae sobre los continentes comienza como agua evaporada desde el océano. El vapor es transportado por la circulación atmosférica, se condensa y contribuye a la formación de nubes y precipitaciones. Por eso, los cambios en la temperatura del mar pueden tener consecuencias que se extienden mucho más allá de las zonas costeras.
Esto no significa que un océano más caliente produzca automáticamente más lluvia en todos los lugares. La respuesta depende de la circulación atmosférica, los vientos, la humedad, las corrientes oceánicas y otros factores. Lo que sí cambia es la cantidad de energía y humedad disponible dentro del sistema climático.
¿Qué relación tiene con los ciclones tropicales?
Las aguas cálidas constituyen una de las fuentes de energía de los ciclones tropicales. Cuando la temperatura del océano es suficientemente elevada, aumenta la evaporación; el vapor de agua asciende, se condensa y libera calor, un proceso que puede alimentar el desarrollo y fortalecimiento de estos sistemas. La NOAA señala que las aguas superficiales de alrededor de 27 °C o más proporcionan condiciones favorables para la formación de huracanes, aunque la temperatura del mar por sí sola no determina que se forme un ciclón.
Por ello, un océano más caliente puede aportar más energía a los ciclones tropicales y favorecer una mayor intensidad, especialmente cuando coinciden otros factores atmosféricos favorables. La evidencia científica también apunta a un aumento de las tasas de lluvia asociadas con estos sistemas en un clima más cálido, mientras que existe mayor incertidumbre sobre cómo cambiará el número total de ciclones.
Esto debe interpretarse como una relación física y climática general, no como una afirmación de que el récord de temperatura de julio haya causado un ciclón tropical específico. Cada tormenta depende de múltiples condiciones atmosféricas y oceánicas.
El Mediterráneo muestra otra señal del calentamiento
La situación no se limita al promedio global. En el Mediterráneo existen series de observación de varias décadas que permiten observar cambios locales de manera directa.
En L’Estartit, frente a las islas Medas, se mide la temperatura del mar desde 1974 a distintas profundidades por el observador local Josep Pascual. La serie, de más de medio siglo, está integrada y difundida como referencia climática por el Servei Meteorològic de Catalunya (Meteocat).
Las observaciones recientes muestran hasta qué punto pueden diferir las condiciones actuales de las habituales. El seguimiento de L’Estartit permite comparar las temperaturas de la superficie y de distintas profundidades y observar una tendencia de calentamiento que no se limita a los primeros centímetros del mar.
Este tipo de registros ayuda a comprender que el calentamiento oceánico no es únicamente una cifra global. Puede traducirse en cambios concretos en la estructura del agua, en los ecosistemas, en la evaporación, en las lluvias y en las condiciones meteorológicas de las regiones costeras.
Un océano más caliente no significa solamente un mar más cálido
La cifra de 20.96 °C puede parecer moderada si se compara con la temperatura de una playa tropical, pero su importancia está en que representa un promedio de una enorme extensión oceánica y que se alcanza después de varios años con temperaturas excepcionalmente elevadas.
El récord de julio de 2026 se suma así a una tendencia de calentamiento sostenido. El océano continúa absorbiendo la mayor parte del exceso de energía del sistema climático, pero esa capacidad de almacenamiento tiene consecuencias: eleva el contenido de calor, contribuye a la expansión térmica del agua y al aumento del nivel del mar, somete a los ecosistemas a mayor estrés y modifica las interacciones entre el océano y la atmósfera.
En el Caribe, donde las comunidades costeras, los arrecifes, la pesca y el turismo dependen estrechamente del estado del mar, estos cambios adquieren una relevancia particular. La temperatura de 20.96 °C, por tanto, no describe por sí sola lo que ocurre en cada región, pero sí forma parte de una señal global: el océano está acumulando cada vez más calor y sus efectos alcanzan mucho más allá de la superficie del agua.