Obligada a reconstruir su vida a los 12, una niña haitiana se suma a miles que huyen de la violencia
PUERTO PRÍNCIPE, Haití. — Para Juliana St. Vil, de 12 años, la vida empieza cada tarde. Sale de un salto del atestado refugio en que ha estado durmiendo sobre el piso de concreto durante 10 meses, con una sonrisa en el rostro a pesar del difícil entorno. Juliana aún no es una adolescente, y debe moverse en un Haití oprimido por pandillas que mataron a su padre y obligaron a su familia a abandonar su hogar.










